14# concurso Accesibilidad a la Ciudad Alta desde el Paseo.

Concurso de ideas con intervención de jurado para la mejora de la ccesibilidad peatonal a la Ciudad Vieja y la muralla histórica desde el paseo del Parrote, paseo sir John Moore y paseo marítimo alcalde Francisco Vázquez ámbito: Hospital Abente y Lago, Muralla y Paseo Marítimo. Accesibilidad a la Ciudad Alta desde el Paseo.

Coautor junto Maria Olmo Béjar y Borja López Cotelo

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‘Acordarse de que si se decía Saint-Germain-des-Prés es porque había prados.’

Georges Perec

 El recorrido propuesto comienza en un paseo por la cota más baja de la muralla, casi al nivel del mar. Allí las aceras se hacen más anchas, el verde se preserva, y un pavimento pétreo indica que en ese preciso lugar hay un ascensor por el que se puede acceder a la Ciudad Vieja.

Acordarse de que la Ciudad Vieja, antes de ser vieja, se llamaba Ciudad Alta.

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Por eso es necesario un ascensor. Se accede a él a través de una incisión en la antigua muralla de esa Ciudad Alta. Como las puertas que siempre la han horadado, como la horadaba la Puerta de Aires, la Puerta de San Andrés o la vecina puerta de San Miguel.

Esta incisión conduce a un espacio hipogeo, a un vientre tallado en la roca a la manera de las antiguas bodegas o el laberinto subterráneo de Capadocia. Gruesos muros de hormigón contienen el espesor de la naturaleza diseccionada, y el peso del terreno descansa sobre una bóveda solo interrumpida por la luz cenital de un óculo.

En esa estancia enterrada y abovedada se espera el ascensor o se comienza la ascensión a través de la escalera.

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En su recorrido vertical ascensor y escalera ofrecen la posibilidad de llegar a dos cotas diferenciadas, que se corresponden con las plataformas en que se divide el espacio público del entorno de la muralla y la Fundación Luis Seoane.

En la primera de ellas (cota +9.87m), el ascensor y la escalera se manifiestan solo como una pequeña abertura que da acceso a una plaza. Esta plaza, que ocupa una posición preeminente en el trazado general del proyecto, será la que albergue el monumento a Luis Seoane.

En la cota superior (+12.30m), la pieza de hormigón emerge en toda su complejidad volumétrica. Como aquellas piezas hoy abandonadas que conformaron el Atlantic Wall, su geometría rotunda y su uniformidad material configuran un objeto expresivo y abstracto. Surge sobre la plaza como una amalgama de piezas desiguales (la escalera, el ascensor y el lucernario) cuya puerta, final del recorrido ascendente, mira hacia el Atlántico.

En esta cota alta (+12.30m) las variaciones de pavimento, las rampas y una serie de plataformas a diferentes alturas ordenan el entorno de la Fundación Luis Seoane, la fortificación y el antiguo Hospital Militar.

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Se potencia, por un lado, un paseo continuo perimetral, amplio y paralelo a la muralla, en el que los cambios de cota se resuelven con rampas para contribuir a la fluidez del recorrido.

Frente a esta continuidad, los espacios vinculados a los intrincados quiebros de la muralla se fragmentan en plazas separadas entre sí por escalinatas que configuran versátiles lugares públicos.

Este sistema de plazas y escalinatas se vinculará a la actual calle de Carlos I, conexión natural entre el área de proyecto y la zona residencial de la Ciudad Vieja, de la que desaparecerán las zonas destinadas a aparcamiento. Por ella caminarán a diario los principales usuarios del ascensor: los turistas que aparcarán su vehículo en el Real Club Náutico, los marineros que frecuenten las ya escasas tascas de la Ciudad, los párrocos de Santiago, Santa María y Santo Domingo, o las monjas de Santa Clara.

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Acordarse de que la ciudad la forman ciudadanos.