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Zonas siniestradas de los montes gallegos, en la aldea de Chandebrito en Nigrán (Pontevedra). – SALVADOR SAS (EFE)
Fuente: público.es

El domingo 15 de octubre de 2017 quedará marcado en la memoria de todos los gallegos1 y se unirá a esa lista negra de catástrofesmedioambientales. Una lista corta pero cuya magnitud no puede dejar indiferente a nadie que tenga un mínimo de humanidad; si las imágenes ya eran duras ese infausto día, las posteriores no lo son menos.

Describir las sensaciones de esas horas resulta difícil no solo por la distanciacon la que viví los hechos, sino por los vaivenes de cada uno de los diferentes momentos a medida que uno se iba informando4 como buenamente podía.

Conforme han pasado los días se han ido conociendo nuevas historias, a cada cual más dura y desgarradora, narradas sobre un paisaje calcinado que tardará mucho tiempo en maquillar esas profundas cicatrices.

A pesar de la tristeza que a uno le embarga, no me cansaré de poner en valor y reclamar que existe un hilo de esperanza para toda la sociedad al recordar cómo todos los vecinos se unían para trabajar con un mismo fin: salvar el territorio que les acoge.

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Artículo publicado en el blog de Arquia

Alberto Alonso Oro
Arquitecto (No colegiado) y editor en veredes.